Como todos sabemos, su verdadera denominación es la de Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, que grava las denominadas transmisiones lucrativas (sin contraprestación por parte del adquiriente) y que se aplica tanto a las transmisiones por causa de muerte (herencia) como a las donaciones (regalos) entre personas. Vamos a comentar solamente las últimas y nos centramos en Cataluña por ser la legislación que directamente aplicamos, pues es un impuesto estatal cedido a las Comunidades Autonómas, pero en el que éstas disponen de unos márgenes de regulación propio, por lo que las peculiaridades aquí pueden o no coincidir con las de otras Comunidades. Es uno de los impuestos más criticado y prácticamente por nadie aceptado con resignación, por cuanto que siempre se pone un ejemplo ilustrativo: aquellos padres que quieren premiar a su hijo con un ingreso en su cuenta bancaria de  56.000 euros, deben decirle  que, en  calidad de beneficiario de la donación, dispone de un plazo de 30 días para ingresar el impuesto, que ascenderá a 5.540,80 euros. Y el ejemplo es aplicable a tantas donaciones, que en el entorno familiar normalmente realizamos, a las que se aplicará la tarifa del impuesto (que es la misma tanto para sucesiones como para donaciones), tarifa por escalones que comienza en un 7,42 % y que llega al 32,98 % (cuando la donación supera los 994.028,80 euros). Ello daba lugar a que en muchos supuestos se procediera a simular como compra-ventas determinadas transmisiones (entrega a hijos de inmuebles), pues nos situamos  entonces con una entrega onerosa (con contraprestación, precio, aunque sea simulado) que ya no será gravado por aquel impuesto, sino por el de Transmisiones Patrimoniales y en el ejemplo puesto con un tipo único del 7 %. Desde el pasado año se han introducido por Ley del Parlament de Cataluña determinadas modificaciones que tratan de igualar los dos impuestos y otorgan los beneficios que brevemente comentamos: Las donaciones a hijos y otros descendientes de cantidades destinadas a la adquisición de su primera vivienda habitual o la entrega de una vivienda con la misma finalidad goza de una reducción del 95 % del impuesto, hasta un máximo de 60.000 euros. En el caso de beneficiarios discapacitados en grado superior al 65 %, el importe máximo será de 120.000. Se establecen determinados requisitos de control para obtener el beneficio (donación en escritura pública, el donatario tendrá 32 o menos años y que no obtenga rentas anuales  superiores a 30.000 euros). Los importes máximos expresados son aplicables tanto en el caso de donación única como en el caso de donaciones sucesivas o simultáneas, ya provengan del mismo ascendiente o de diferentes, pero, en cualquier caso, tratándose de donaciones de dinero, solamente son acumulables las donaciones efectuadas en los tres meses anteriores a la adquisición de la vivienda. Pero, además, en general, a cualquier donación a favor del cónyuge (incluyendo las parejas de hecho), hijos u otros descendientes, se le aplicará una tarifa especial que dispone sólo de tres tramos: de 0 a 200.000 al 5 %; entre 200.000 y 600.000 al 7 % y de 600.000 en adelante al 9 %, requiriéndose también que la donación conste en escritura pública. Creemos que con estas modificaciones se evitarán las compra-venta simuladas de padres a hijos, pero en el caso de entrega de dinero para la compra de vivienda, si el hijo no cumple requisitos, éste seguirá soportando un doble gravamen: el de donaciones, aunque lo sea con la tarifa especial, y después el de Transmisiones o IVA, según adquiera una vivienda usada o nueva.